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GUERRAS MUNDIALES

Espías de las guerras mundiales: Mata Hari

Si se piensa en espionaje, ese atractivo y peligroso oficio que tuvo su auge con las guerras mundiales y luego proporcionó material para centenares de libros y películas, no se puede dejar de pensar en uno de sus personajes más legendarios: la increíble Mata Hari, bailarina holandesa, femme fatal de origen humilde que recorrió por dentro la gran estructura del espionaje europeo de principios del siglo XX.

 

 

 

 

Mata Hari era un nombre de ficción, como suele suceder tanto con las bailarinas exóticas como con los espías: ella nació Margarita Zelle, en Leeuwarden, Holanda. A los 18 años se casó con un capitán holandés de 39 años que vivía en Indonesia. Allí tuvo dos hijos y conoció los secretos de las danzas javanesas. En 1902, cuando el fracaso de su matrimonio era ya irreversible, y luego de la muerte de uno de sus hijos, volvió a Europa. Aprovechando su atractivo físico y el encanto de las danzas orientales, adoptó su nombre artístico y comenzó a forjar su carera como bailarina erótica en París. Esa fue la plataforma que la condujo a la vida, la alcoba y los secretos de los políticos, empresarios y militares más influyentes del continente, lo cual fue confiriéndole un poder que podría usar. Cuando estalló la guerra, en 1914, Mata Hari, quien por entonces cautivaba desde el escenario del music hall de Berlín, resolvió ofrecer sus conocimientos secretos al jefe de espionaje alemán Eugen Kraemer.

Un año más tarde, por sus continuos romances con militares alemanes, Mata Hari comenzó a ser vigilada por los agentes aliados, especialmente por el capitán Ladoux, espía francés. Al volver a París en 1916, sin más salida, se ofreció como doble espía para Francia. Lo logró gracias a su poder de seducción, no obstante se convirtió en una triple espía, ya que siguió contactándose con la embajada alemana como la agente H21. Esta trampa fue descubierta por Ladoux, quien a su vez le tendió un contraataque más exitoso: al volver a Francia, el 13 de febrero de 1917, la irresistible Mata Hari, de 41 años, fue arrestada y sometida a juicio: se la halló culpable de aprovechar sus relaciones íntimas para trabajar como agente de Alemania, y se la condenó a muerte. ¿Su respuesta al juez? Que ella se acostaba con militares por placer, y no por deber “Ramera sí, pero traidora jamás”. Su alegato no fue atendido, y el 15 de octubre de 1917 fue fusilada en Vincennes. Cuenta la leyenda que no permitió que le vendaran los ojos, sus magnéticos ojos, y antes de recibir los disparos lanzó un beso a los soldados del pelotón.

 


FUENTE E IMÁGENES

Mata Hari; The Guardian; Muy interesante